Mons. Santiago Rodríguez reafirma defensa de la familia y rechaza sentencia del Tribunal Constitucional
Por redacción -
Noviembre 23, 2025

San Pedro de Macorís.-
En un enérgico mensaje dirigido al pueblo católico durante la
celebración de la Santa Eucaristía de este domingo, el obispo de
la Diócesis de San Pedro de Macorís, monseñor Santiago
Rodríguez, defendió la visión cristiana del matrimonio y la
familia, reafirmando que esta institución, según la Sagrada
Escritura, está fundada en la unión entre un hombre y una mujer.
El prelado también expresó su total oposición a la reciente
sentencia del Tribunal Constitucional que, según señaló,
permitiría expresiones públicas de homosexualidad en
destacamentos policiales, centros de formación y academias
militares.
Monseñor Rodríguez inició su reflexión recordando el fundamento
bíblico del matrimonio: “La carne, al constituirse esposo y
esposa, abre nuevas perspectivas para una comprensión más
profunda de la dignidad de la mujer, de su papel en la sociedad
y en la Iglesia.
En Jesucristo se han hecho nuevas todas las cosas”. Citó el
Génesis, destacando que desde el principio Dios creó al hombre y
a la mujer para que sean “una sola carne”, y a San Pablo, quien
llama ese vínculo “un gran misterio” referido a Cristo y a la
Iglesia.
Al comparar el matrimonio con la nueva alianza sellada por
Cristo, explicó, se reafirma la dignidad del amor humano y su
dimensión esponsal.
Señaló que la diferencia sexual, hombre y mujer, forma parte del
plan divino, afirmando que la existencia misma depende de esa
unión biológica y ontológica: “Si no hubiese sido por esa unión
entre papá y mamá, ni usted ni yo estuviéramos aquí”.
Cuestionó además las corrientes actuales que pretenden apartar a
la sociedad dominicana de su identidad creyente. “¿Han conocido
ustedes una especie, incluso no humana, en la que exista
fecundación masculina con masculino?”, preguntó, advirtiendo
sobre intentos de distorsionar lo que considera un orden natural
establecido por Dios.
Monseñor Rodríguez defendió la tradición cristiana del país,
recordando que los Padres de la Patria proclamaron a Dios como
centro de la nación, al punto de colocarlo en el escudo.
Dijo que “Dios, Patria y Libertad” no es solo un lema, sino la
expresión de un pueblo que reconoce a Dios en su vida diaria.
Advirtió que cuando una sociedad o familia saca a Dios del
centro, su destino se vuelve incierto: “¿Dónde termina esa
persona o esa familia que confía en otras cosas y no en Dios?”.
Comparó estas desviaciones con los ejemplos bíblicos de Sodoma y
Gomorra, alertando que hay sectores que desean conducir al país
por un camino similar.
En ese contexto, se refirió directamente a la sentencia del
Tribunal Constitucional que abre las puertas a prácticas
contrarias a la naturaleza y a los valores dominicanos. “La
Iglesia que peregrina en San Pedro de Macorís, hoy, ante su
pastor y cabeza, dice: no estamos de acuerdo”.
Aclaró que su oposición no surge del rechazo a personas con
cualquier inclinación, sino por entender que la medida afecta a
la familia, la sociedad y los valores fundamentales de la
nación.
Expresó preocupación por el impacto que esta permisividad podría
tener en jóvenes que ingresen a instituciones del Estado.
“Imagínese un hijo o un nieto que vaya a una academia y
encuentre a un instructor que le diga que debe hacer lo que él
hace por su tendencia. La Iglesia sí ha pensado en eso y por eso
se opone totalmente”.
El obispo llamó a luchar para que dicha sentencia sea
“desactivada”, advirtiendo que la República Dominicana no puede
abrir la puerta a lo que definió como “marcos que destruyen la
sociedad”.
Monseñor Rodríguez indicó que la Iglesia seguirá proclamando la
vida, pero “la vida en Cristo, centrada en el Rey y Salvador”.
Invitó a los fieles a celebrar esta convicción y a mantenerse
firmes en la defensa del hogar como núcleo insustituible de la
sociedad: “Es la familia la que hace presente el amor de Dios”.
Concluyó haciendo un llamado directo a la feligresía: “Yo me
declaro defensor de la familia”, invitando a cada persona
presente a asumir ese compromiso desde su fe y su identidad
cristiana.
