El “yo” poético en “Selva de palabras cortadas” de Bileysi Reyes

Por Simeón Arredondo - Diciembre 1, 2025

 

La producción de toda obra poética es la búsqueda, por parte del autor, de un universo distinto al que observa o al que le ha correspondido existir o cohabitar, ya sea para sí mismo, para un colectivo, o incluso para entes de otra naturaleza.

La revista digital “El cuaderno”, publicó en mayo del año 2019 un trabajo titulado “La construcción del yo poético”, en el que su autor, el poeta, narrador y ensayista, Antonio Gracia, corrobora con este parecer al preguntarse: “¿No busca todo artista la creación de un mundo alternativo y mejor que aquel que vive y en el que sobrevive?” Luego, el connotado escritor español cambia esta pregunta cerrada por una abierta: “¿Qué busca el poeta —y todo artista— sino hallar el nombre definitivo y absoluto de su identidad para otorgarle inmensidad y plenitud?”, para entonces responderse: “Un yo con los rasgos de (Huidobro) «un pequeño dios», única manera de trascender el tiempo y consumar la transfiguración de la materia”.

En las interrogaciones y en las aseveraciones de Gracia existen unos términos que van a resultar de mucha utilidad para analizar y para comprender el primer libro publicado por la joven poeta dominicana Bileysi Reyes, “Selva de palabras cortadas” (Amargord Ediciones, 2023).

En primer lugar, Reyes crea “un mundo alternativo” para expresar sus emociones mediante un juego alegórico con los símbolos de la lengua y el lenguaje: “…no parece clarividencia ni el efluvio de palabras ni la llovizna de tildes ni el tumulto de las eñes recrea el no con una adecuación perpetua sí la máscara de agua es el mundo de los sueños se sumerge como esfera en esta bóveda que existe inexistentemente aplazada…”.

En este trozo del poema escrito en prosa, titulado “La calle toma su riego: me ofrecí sobre el agua”, encontramos trazos de vivencias y conmociones que han sacudido los sentidos de la autora en algún momento de su vida. O puede ser (aunque el título sugiere una acción pasada) un mundo idealizado por ella en base a un deseo o a una visión. No perdamos de vista que el poeta tiene la facultad de convertir lo objetivo en subjetivo, y a la inversa. Entonces no habría de extrañarnos que pueda expresar el futuro en pasado y el pasado en futuro, o contar lo deseado como ocurrido, lo ocurrido como lo inverso de lo deseado, de lo esperado, y así sucesivamente. Con ello nos queda claro lo de la creación de “un mundo alternativo” y también lo de la búsqueda de un universo distinto al que se observa o al que se habita.

La autora encuentra “el nombre definitivo y absoluto de su identidad para otorgarle inmensidad y plenitud” cuando nos presenta un “yo” poético hablando en primera persona, desglosando todo un mundo de sensaciones que la conducen a explorar diferentes enigmas circundantes en su hábitat, y que quizás la única manera posible de expresarlas es la poesía. Veamos:

“Me he convertido en marca sobre tierra fundida
por un asno rematado entre pináculos muertos.
Y soy la mancha colgada en la pared,
rio cuajados rocíos de sangre sucia.
La primavera de mis santos
busca mi forma en el agua
busca su forma en la fuente.
Corren miradas entre truenos
ni están junto al cerco
ni entre la maleza preñada de santos”.

En este poema, titulado “Mientras que todo era sigilo en el silencio”, se nota una búsqueda de identidad que se manifiesta a través de una expresión metamórfica seguida por una definición, que a la vez es seguida por la descripción de acciones referentes a terceras personas, pero que están atadas a la primera expresión, por consiguiente, siguen dentro del “yo” poético. A medidas que nos adentramos en el poemario vamos descubriendo esta exploración sigilosa, y en ocasiones no tanto, que realiza la poeta armada de antítesis, aliteraciones, anáforas, metáforas y otros recursos que nos reafirman, no sólo su capacidad creativa, sino también su habilidad en el manejo del leguaje.

Del mismo modo Bileysi Reyes consigue “trascender el tiempo y consumar la transfiguración de la materia” cuando nos envuelve en poemas como “Y volaré anclada al oído de tu angustia”, en el que se define como “una flecha acosada por la marea diurna”, y afirma que se ha “convertido en ninfa torturada por el agua / que muere furibunda; deshecha, / teñida por densos nubarrones”. Es así como, empoderada de su “Yo” poético, y firmemente consciente de lo que desea expresar, produce un arte elegante que nos arrastra hacia la reflexión y el deleite a la vez.

La escritora y filóloga Ana González Serrano, en su ensayo titulado “El viaje del «yo»: diferencias entre el yo lírico y poético en busca de la identidad” (Revista digital Aullido, 5 de marzo 2021), establece que “el poeta se dirige explícita o implícitamente al público como emisor solitario, monológico, generando una comunicación lírica con este (…) y creando, indirectamente, una relación, vínculo o complicidad entre ambos interlocutores, provocando la participación ilícita de los lectores en sus propios poemas, así como una transmisión del «yo» que pasa, finalmente, a ser un «nosotros»”.

Esa complicidad, es en la que de repente nos encontramos sin darnos cuenta, mientras leemos “Selva de palabras cortadas”. Y una vez dentro del texto, ya no podemos renunciar a ella. Entonces hacemos nuestra la conmoción de la autora convirtiendo su “Yo” en un “Nosotros”, como de manera acertada, acota González Serrano; quien además afirma que “si bien el yo poético podría definirse como el sujeto heredado del romanticismo alemán, trasciende a autores como Joyce, Kafka, Eliot o incluso Baudelaire, extendiéndose a la vanguardia hasta concluir en el canon surrealista de André Breton; expresando el subjetivismo y la centralidad del poeta”.

En la poética de Reyes encontramos ese subjetivismo y esa centralidad. Como también encontramos la expresión de lo emocional que se resiste al convencionalismo. Rasgos que se encuentran en el ADN del surrealismo y de otras vanguardias, pero que son utilizados y son muy útiles a la buena literatura de hoy.

En adición a todo ello, felizmente, no encontramos en la obra de Bileysi Reyes los usuales ripios, y frecuentes rasgos de falta de conciencia literaria que son típicos de la primera publicación de un autor, por demás un autor joven. Este hecho otorga una medalla a la naciente escritora, y nos manda el contundente mensaje de que su obra va a trascender los umbrales de la literatura dominicana.

 

 

 





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