San Pedro de Macorís, República Dominicana

 

 
Alta Dirección del Estado, Crisis económica y de gestión

 
Por: Lic. Julio César Concepción Rodríguez  |  25 de  septiembre 2023

 

Julio César Concepción Rodríguez

 

SAN PEDRO DE MACORÍS, R.D. (VIPRENSA).- Los órganos son instrumentos de un sistema o actividad. Entre las significaciones, nos interesa enfatizar en aquellas que asocia el término a una organización o una entidad que está compuesta por diferentes equipos. Disgregar, es parte, de la acción de reubicar ciertos servicios o funciones que desarrolla un poder general hacia otras delegaciones. El término es frecuente dentro de la estructura del Estado. Por lo tanto, un organismo descentralizado, no depende jerárquicamente del gobierno central y que tiene ciertas competencias y facultades autónomas, aunque funcione bajo la órbita estatal. Estos pueden haber sido creados por un decreto del Poder Ejecutivo o por iniciativa del Congreso, funcionando incluso, aunque no en todos los casos, con recursos públicos derivados directamente de la administración central.

En todo momento se crean bajo lo que sería el resguardo de un acto de tipo legislativo. Cuentan con personalidad jurídica propia. Poseen una red de oficinas y dependencias de diversas índoles. Disponen de una estructura administrativa interna, así como de los pertinentes órganos de administración y representación que les son necesarios para el desarrollo de sus funciones, actividad, objeto y por supuesto, patrimonio. Se ponen en marcha por tres objetivos o misiones diferentes: para prestar un servicio social o público, para promover técnicas a las áreas estratégicas o para aplicar recursos con finalidades de asistencia, aunque cuentan con su autonomía, eso no impide que estén sujetos a la vigilancia o control de lo que es la Administración Pública Central, a través de los organismos designados por la Constitución, la Contraloría General de la Rep., y la Cámara de Cuentas.

Desde el inicio de la actual crisis universal sanitaria y por ende económica se han ofrecido distintas interpretaciones sobre su origen (guerra bacteriológica, comercial China EE.UU. etc.), y sus consecuencias de escala inmensurable en lo sanitario y el sector financiero, y también sugiere que una de sus consecuencias es el reforzamiento de métodos que se consideran necesario reducir el tamaño del Estado como receta para salir de la crisis, a pesar de que ese planteamiento está muy alejado de garantizar el bienestar para la mayoría de los ciudadanos. Considerando que el Estado Dominicano es el mayor empleador. El bienestar es un bien público de carácter colectivo, si se reduce el tamaño del Estado se hará más difícil lograrlo. Se requieren políticas públicas que funcionen con criterios de eficacia, equidad y estabilidad, aunque para ello sea necesario aplicar los ajustes necesarios al renglón fiscal. La acción del sector público resulta indispensable para regular el buen funcionamiento de los agentes económicos, tanto en períodos de dificultad como de prosperidad económica.

Con las secuelas de la crisis, que aún no se han superado, se refuerza la tesis neoliberal, que consideran perjudiciales el gasto y las políticas públicas. Porque esa tesis parte de la convicción ideológico de que la iniciativa privada es más eficiente para el conjunto de los sistemas económicos, de ahí las tonadas promocionales de alianzas publico privadas (APP), de verdad esperemos que sean proyectos/contratos bien concebidos, porque al juzgar por referencia histórica no han resultado de beneficios para la mayoría, que en principio debe ser el objetivo principal. Los anuncios por parte del Gobierno Central de fusiones/cierres de múltiples órganos del estado, nos surge preguntar entonces ¿Dónde irán a parar todos esos empleados públicos, asignados en esas instituciones tendentes a desaparecer? En definitiva, eso disminuye significativamente el bien común incrementando las dificultades de vida razonable a una gran parte de la población.

El escenario demanda actuar con sentido intensivamente crítico. Debo aclarar que comparto la idea de la simplificación, eliminando las duplicidades de funciones repetitivas sin ningún sentido, o las que sí agreguen valor al proceso. Pero no podemos dejar de lado considerar actuar conforme el concepto de economía positiva el de establecer una cadena de relaciones causa-efecto entre los diferentes hechos. De ese modo, será posible conocer los impactos en la realidad de cualquier cambio en las variables actuantes.

La acción de los Estados y organismos internacionales es necesaria para mejorar la regulación de las economías en el actual contexto de globalización. Por ello, la actual crisis conlleva la reducción de las actividades públicas particularmente en el ámbito de las políticas sociales, al tiempo que ha forzado la activación de mecanismos de ayuda destinados a resolver las dificultades del sector financiero, desviando recursos colectivos hacia los bancos. En lugar de esa estrategia, la salida de la crisis podría buscarse aumentando la recaudación de las Haciendas Públicas, con subidas selectivas de impuestos que refuercen la progresividad de los sistemas fiscales. Está pendiente una reforma fiscal minuciosa concatenada con políticas macroeconómicas que estimulen la actividad y el empleo. No debe quedar excluida la creación de una banca pública capaz de competir con los bancos privados que contemple ofertas de múltiples, servicios útiles para la economía y el conglomerado ciudadano.

Es innegable que la crisis que ocasionó la pandemia del covid-19, ha fortalecido los ofrecimientos que insisten en otorgar a los mercados la regulación fundamental y casi exclusiva de las actividades económicas y, en consecuencia, proponen reducir a la mínima expresión el papel de los poderes públicos. Esta situación ha devorado el período de crecimiento económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Que estuvo basado en gran parte en la coexistencia de economías compuestas en las que el Estado jugaba un papel fundamental como regulador y como impulsor de la economía y del bienestar social.

En la actual crisis, la hecatombe, del sistema sanitario, la altísima luxación en el sector financiero. Agreguemos a eso la crisis de los cereales, creada por la guerra Rusia/Ucrania. Sin embargo, a la hora de buscar y exigir responsabilidades, parece que todas las miradas se dirigen hacia el Estado, alegando que su dimensión excesiva desvía recursos de otras actividades y se imputa que sólo sirve para alimentar burocracias inútiles, además de onerosas. A parte de argumentar la reducción de su participación en actividades estatales en varios ámbitos, como es el caso de la no mejora significativa de la calidad de los gastos públicos, en especial en materia de políticas sociales. La irrupción de sociedades de naturaleza muy distinta en la esfera de las políticas sociales afecta el esquema y aplicación de las políticas asistenciales. Por tanto, esto perturba la relación del Estado con la ciudadanía.

La actual crisis ha hecho que la redistribución de la riqueza beneficie de manera más clara a las actividades financieras, inclusive el Estado ha liberado más de $60 Mil MM., del encaje legal, segmentado para inversión, mipymes, emprendurismo y consumo, activando importantes transferencias de dinero público destinado a ayudar a los sectores en crisis, sin que esas ayudas se hayan manifestado realmente en beneficio de la ciudadanía en la proporción ni la intención con que fueron colocados en la banca. Pero tan poco se han acompañado de las medidas fiscales específicamente destinada a combatir la especulación financiera.

A pesar de las enormes cantidades de fondos públicos que los bancos han recibido, todavía hoy es difícil para las pequeñas y medianas empresas, grupos de emprendedores, así como para la mayoría de la ciudadanía, conseguir crédito bancario. En lugar de utilizar los fondos públicos para cumplir esta función social (el compromiso de crédito), los grandes bancos han utilizado tales fondos para continuar con sus comportamientos especulativos. Como consecuencia, la hostilidad de la población hacia los bancos se ha acentuado aún más. Es un aspecto clave para organizar las actividades tomando en cuenta lo social, sectorial y la segmentación geográfica.

 

   
  

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